domingo, 16 de septiembre de 2012

El nuevo golpe

Otra vorágine se nos viene encima. El proximó estreno de Frecuencia Latina, La casa de los secretos, aparecerá en su televisor para continuar con la seguidilla de programas aculturales e insustanciales que se hacen llamar "reality shows" pero que terminan siendo caricaturas de la realidad.

No basta con adueñarse del espacio televisivo, estos programas toman vida propia en nuestro día a día. Son programas que fijan estereotipos y actitudes que repercuten en la sociedad. Ante nuestros ojos, el chisme, la pelea, la mentira, etc. son premiados y celebrados como regresando al tiempo en el que solo gana el más vivo. El formato "un grupo de desconocidos enfrentándose por dinero" suena terriblemente familiar pero así, y tomando la posta de sus predecesores,  no tengo duda que el nuevo programa de canal 2  se volverá un éxito. Y es aquí es donde me doy cuenta que no existe la intención desde los canales televisivos a cambiar la tendencia o del público a exigir contenidos de calidad.

"La casa de los secretos" me pone a pensar si no existirá otras alternativas para la programación o nos encontramos en una crisis de valores culturales. Como es posible que un producto tan caro como la realización de un programa televisivo se dedique a cosas tan poco importantes, a observar día y noche a un grupo de 18 extraños confinados en una casa utilizando más de 40 camáras. Entonces no es cosa extraña ver que hay poca oferta por contenidos educativos, de aprendizaje y culturales mientras que el apasionante mundo de los reality shows cada vez que aparece uno, se multiplican en otros canales y nos invaden porque lo importante es que venden.

Y ¿qué le queda a la golpeada teleaudiencia peruana?  Alguien me dijo: lo que vemos  es lo que somos. Si es que "La casa de los secretos" estará en nuestras pantallas es que aún seguimos acostumbrados al amarillismo y al aceptar el escándalo y la ridiculez como formas de entretenimiento. Lamentablemente aún no maduramos como sociedad, crecemos en economía pero no abrimos paso hacia el crecimiento cultural.

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